Mira mis ojos, esposa.
Mira cómo te copian todo el día.
De la cocina a la pila despilfarras aliento.
Haces cuentas del sueldo que no tienes.
Piensas en la leche de los niños.
Cambias pañales a la vida
y refunfuñas por tu suerte.

 

Mira mis ojos, esposa.
Si yo pudiera abrir un tallercito
y poner un letrero que dijera:
‘SE HACEN Y SE REMIENDAN VERSOS’.
Pero la gente pasaría indiferente.

 

Mira mis ojos, esposa.
Hoy has andado 100 kilómetros en casa.
Yo muero de mirarte y me retiro
y a la esquina llego a pajarear tristezas
y a sangrar el último poema.