El primer beso, de Amado Nervo

Yo ya me despedía…. y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
“Hasta mañana”, susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

 

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
“-Perdóneme, Señor esta alegría”.


Amor y desdén, de José Sebastián Segura

Fuego sutil circula por mis venas
al contemplar tus seductores ojos,
y la sonrisa de tus labios rojos,
y la gracia gentil con que enajenas.
A tus palabras, de dulzura llenas,
de mi estéril desierto los abrojos
convertiste en edén, y por despojos
quedó mi alma de amor en tus cadenas.
Mas, ¡ay!, que al punto, Laura, con desvío
me ves y te me alejas de repente
sin que te duelas del quebranto mío.
Si es criminal quien te ama reverente,
y a tu beldad consagra su albedrío,
sólo quien no te ha visto es inocente.